Arte para la construcción de la paz

Arte para la construcción de la paz

No hace falta leer todos los periódicos a diario para saber que vivimos en un mundo en donde abundan los conflictos armados, las guerras y la inestabilidad.

La Organización de las Naciones Unidas y Oxfam coinciden en que la lista de los conflictos a nivel global es larga, sin embargo, los de mayor gravedad actualmente son:

  • La guerra en Siria
  • El conflicto en la República Centroafricana
  • La guerra en Sudán del Sur
  • La guerra en Yemen
  • El conflicto armado en Colombia

Ante esta desoladora información es común que nos preguntemos qué podemos hacer, individuos y colectivamente, para contrarrestar los efectos de la violencia, mitigar el sufrimiento de quienes se encuentran inmersos en estos problemas y cómo aportar con nuestro granito de arena para crear una sociedad más armoniosa. 

La respuesta la encontramos en el arte. La interrelación del arte con la cultura de paz es estrecha e innegable: gracias a ella se pueden liberar sentimientos de dolor, rencor, tristeza y melancolía, sanando el alma y la conciencia humana. 

El arte es un camino hacia la paz al brindar a la persona la posibilidad de expresarse sin restricciones, exteriorizando emociones que, muchas veces, se encuentran reprimidas. El arte es fundamental para retratar lo inhumano, generar conciencia sobre las atrocidades que se cometen día con día, además de brindar visibilidad a aquellas miradas que, por lo general, podrían quedar silenciadas. 

Puede ser que, debido a lo complejas de las situaciones, el arte y la cultura no se presenten como la solución total a todos los conflictos, pero sí pavimentan el camino para la construcción de sociedades más libres de violencia. 

A lo largo de los siglos, la arquitectura, la cinematografía, la danza, la escultura, la fotografía, la literatura, la música y la pintura han sido testigos de la vida cotidiana de las personas, entre la que muchos autores destacan los conflictos, angustias, problemas y preocupaciones que se han vivido en cada época de la humanidad. 

Tomemos como ejemplo las múltiples muestras de arte que se crearon en los diferentes campos de trabajo y de concentración de la Alemania nacionalsocialista durante la Segunda Guerra Mundial. 

Los prisioneros de estos campos realizaron diversas obras de arte como una forma de resistencia, aferrándose a la satisfacción de crear algo bello en un entorno desolador. En este caso, el arte fue más allá de la necesidad de expresión, fue un caso de vida y muerte. 

Y aunque propiamente hablando estas creaciones no lograron por sí solas el término de la guerra, sí contribuyeron —primero con su exposición clandestina y después de forma masiva— a exponer lo que sucedió en ese periodo y a prevenir que se repitan los mismos horrores del pasado. 

Sin irnos más lejos, aquí mismo en México el arte se sigue utilizando para prevenir la violencia. En un intento por “responder de manera oportuna y efectiva a los retos que plantea la incidencia de fenómenos de violencia al interior de las escuelas del país” la Secretaría de Educación Pública (SEP) creó la estrategia Aprender a Convivir, la cual busca que “los estudiantes aprendan a actuar con juicio crítico en su vida cotidiana y que, al mismo tiempo, hagan suyos los valores de la democracia, la paz, la libertad, la diversidad, el respeto a las personas, y a los derechos humanos”. 

Esta estrategia tiene una sección en particular llamada Arte y cultura como instrumento de paz social. Es ahí donde, precisamente, se llevan a cabo acciones para mejorar la formación artística y cultural de los alumnos, acercarlos a distintas formas de expresiones artísticas y culturales y difundir el patrimonio cultural de cada Estado. 

Como podemos apreciar, cualquier forma de arte, creación o cultura tiene un papel vital para la construcción de mejores seres humanos, más plenos, libres y conectados no solo con su interior, sino también con lo que sucede a su alrededor (para bien o para mal). 
Así, el arte es un caldo de cultivo para sociedades más justas, unidas y equilibradas. De esta forma, el arte y la belleza de la que se rodea van contagiando a los individuos de orden, verdad y bienestar, cambiando aquello con lo que no estamos satisfechos: nuestro mundo imperfecto y conflictivo.

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